ÁFRICA

UGANDA. SIDA. PREVENCIÓN. PUBLICIDAD.

«África». Habitualmente se nombra así, en genérico, como si fuera un todo y no un continente lleno de países y paisajes diversos, personas, culturas y tribus diferentes. Situaciones cambiantes que vemos en las noticias, y que en la mayoría de los casos no son buenas. Será esto, será que la pobreza endémica, la enfermedad y el desamparo al que los poderes económicos, y otros elementos a los que podríamos definir como esos “perversos polimorfos”,  los someten, los unifica y los iguala, haciendo que pensemos en África con una mezcla de sentimientos entre los que también cabe el miedo.

Cada vez que oímos la palabra “subsaharianos” o “África subsahariana”, se nos llenan los ojos con las imágenes de barcas perdidas en el estrecho, de rescates y de náufragos, de miles de muertos y de devoluciones en caliente, de desesperación en los que intentan llegar y de dureza y fascismo en los vigilantes.

Con esta imagen, la de los que huyen del lugar al que nos dirigimos, y los miedos de no saber lo que nos encontraremos al sur del desierto del Sahara, iniciamos un viaje para visitar Kenia y Uganda.

Vamos a recorrer el perfil del Lago Victoria, ese enorme lago de África Central rodeado de grandes parques y paisajes de bosques, selvas y  llanuras de color amarillo. Vamos cargados con una mochila y un montón de preocupaciones, por los insectos, por los estados, por las guerrillas, por….. tantas y tantas situaciones posibles y distintas a las que vivimos en nuestro mundo seguro, previsible y cotidiano.

Es un viaje importante y vamos con la certidumbre de todo lo leído, visto y oído, con todas las imágenes que bullen en nuestras cabezas, y las palabras de los que nos contaron sus experiencias en distintos lugares del continente.

Es un placer releer, antes de salir, la historia de aquellas mujeres intrépidas que en el siglo XIX viajaban a los mundos desconocidos de la India, África y Oriente, acompañando a sus maridos exploradores, o poniendo en marcha sus propias expediciones, rodeadas de servicio, protegidas del sol y con kilos y kilos de equipaje.

Cristina Morató nos relata en su libro, Las Reinas de África, la historia de esas damas que en plena selva se vestían formalmente para cenar o tomaban el té de las cinco en sus tazas de porcelana, y que también sabían cabalgar, cazar con arco, disparar un fusil, organizar una expedición con cientos de porteadores y construir un hogar en regiones inhóspitas.

Busco la opinión y los textos de Jan Morris sobre este continente, y me sorprende que en su libro Un mundo escrito, que reúne sus crónicas y relatos de cincuenta años por todo el mundo, apenas dedica unas páginas a hablar de los países africanos, y lo hace para relatar las ceremonias de celebración por la independencia en los distintos países durante los años 50 y 60 del siglo XX.

Una novela que para mí fue importante leer antes del viaje es La Biblia envenenada de Barbara Kingsolver, un recorrido de la mano de las mujeres de la familia de un pastor baptista que se impone una misión catequizadora imposible, y persevera, mientras ellas van contando lo que les sucede en el Congo. Reveladora del desconocimiento y las ideas preconcebidas con las que viajamos.

Pero el conocimiento fundamental antes de viajar a un país africano es el que aporta Ryszard Kapuscinski en su libro Ébano, encuentro obligado para todas, viajemos o no. Resulta fundamental conocer su particular visión de este continente.

Nos cuenta:

“He vivido unos cuantos años en África. Fui allí por primera vez en 1.957. Luego, a lo largo de cuarenta años, he vuelto cada vez que se presentaba la ocasión. Viajé mucho. Siempre he evitado las rutas oficiales, los palacios, las figuras importantes, la gran política. Todo lo contrario, prefería subirme a camiones encontrados por casualidad, recorrer el desierto con los nómadas y ser huésped de los campesinos de la sabana tropical. Su vida es un martirio, un tormento que, sin embargo, soportan con una tenacidad y un ánimo asombrosos.

De manera que éste no es un libro sobre África, sino sobre algunas personas de allí, sobre mis encuentros con ellas y el tiempo que pasamos juntos. Este continente es demasiado grande para describirlo. Es todo un océano, un planeta aparte, todo un cosmos heterogéneo y de una riqueza extraordinaria. Solo por una convención reduccionista, por comodidad, decimos África. En la realidad, salvo por el nombre geográfico, África no existe”.

Con estas y otras lecturas, películas e imágenes iniciamos el viaje a Uganda, a su capital Kampala, en un vuelo largo y cómodo de avión.

© Mabel Pérez Simal

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