Llegamos a Kampala

Abad_IMG_6127webEn el aeropuerto cuando esperas el vuelo y ves que las pantallas anuncian Kampala se despiertan todos los sentidos hasta entonces un poco atolondrados, por las prisas, los controles de seguridad y los pasillos abarrotados del mes de julio, y en ese momento se dispara tu imaginación.

“Kampala sonoro, sugerente y evocador de tierras africanas, de animales y tribus, de safaris y jeeps descapotables donde viajan protagonistas con salacof”

Descubro que mi imaginación está llena de imágenes de las películas en las que distintos paisajes y países de África son protagonistas: Clak Gable vestido con pantalón corto y encarnando la imagen del gran cazador, la del poder colonial del hombre blanco; o los relatos de la mujer que tuvo una granja en África, la condesa Karen Blixen en “Memorias de África”, con una actitud más humana hacia sus kikuyos, pero manteniendo la distancia de los cócteles y la ropa elegante, de las vajillas y la sofisticación europea en medio de la llanura colonizada, y en contraste con una población indígena que se presenta pobre, inculta, supersticiosa y primitiva. Esta preciosa película y esta maravillosa historia trasmite muy bien la sofisticación y la pureza que da el color blanco en el África colonial. Color blanco en todo lo que les cubre, ropa, manteles, uniformes, sombreros, guantes, quizás es por la frescura del color y quizás por la gran distancia que marca con la negritud que les rodea.

Mis pensamientos se van a otra película, que también me impresionó y que supone un cambio sustancial en la forma de contar la relación de los blancos, europeos e ingleses en concreto y el continente. “El Jardinero Fiel” es un descubrimiento, con toda la belleza que le pone Meirelles a sus trabajos y la dureza y la crueldad en todas las formas posibles, directa e indirecta.

Con todos estos recuerdos de imágenes e historias llegamos a Kampala, y es de noche. En un taxi recorremos la ciudad -capital de Uganda-, extensa y de casas bajas con algunos edificios en el centro. Llegamos al hotel Spike a tiempo de dejar el equipaje y tomarnos una copa en la discoteca anexa, en la que suena música disco ugandesa, maliense y de Senegal, bailada por jóvenes guapos, sofisticadas, altas y bien vestidos. Elite ugandesa mezclada con la población extranjera que disfruta de unas copas al final del día.

Ese momento, en el hotel y en la disco es real, sucede, pero lo vivo con una sensación de irrealidad, será por el cansancio del viaje, la llegada de noche, la incógnita…. No se, quizás mañana a la luz del día podamos tomar conciencia de donde estamos, del lugar, del espacio, del paisaje y del país en el que aterrizamos.

Lo que vivimos esta noche parece una fantasía en la que apenas pasó el tiempo, excepto por la música y la ropa, podría ser una escena en la que mientras saboreamos un gin-tonic vemos aparecer a Ava Gardner buscando una copa.

Y se hace la luz, amanece y muy, muy temprano nos ponemos en marcha para iniciar el viaje. Todo es más feo y sucio a la luz del día, el edificio del hotel y las casas que lo rodean, de aspecto mejorable, y una calle con aceras y asfalto escaso en la que conviven unos enormes árboles donde se posan los marabús, carroñeros y fuera de lugar.

Se va abriendo el día mientras viajamos con rumbo a los grandes Parques y Lagos del norte del país y dejar la ciudad es un alivio.

© Mabel Pérez Simal

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