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Todas las preguntas

LA HABANA, CUBA, CALLE OBISPO, ESCAPARATE, MODA 1

A mediados del mes de Enero de 2008 en la Universidad de Ciencias Informáticas, en una reunión celebrada en vísperas de las elecciones a la Asamblea Nacional, el Presidente del Parlamento se dirigía a los estudiantes y profesores pidiendo el apoyo para elegir en bloque a todos los candidatos que concurrían a los comicios del 20 de Enero celebrados en Cuba.

Durante esta asamblea los estudiantes además de escuchar el discurso oficial querían trasladar al poder revolucionario sus inquietudes, sus dudas y sus demandas. La asamblea perdió el tono oficial ante las cuestiones que plantearon los más jóvenes.

Un tiempo después la consigna que se comentaba por toda La Habana, transmitida por Raúl Castro, ocupando en funciones la Jefatura del Estado, es que los cubanos y cubanas hablen en las asambleas, que se atrevan a intervenir y a cuestionar, a plantear las necesarias reformas que están en boca de todos, en la calle, en los cafés, en las tertulias, en las facultades y centros de trabajo, que se discutan abiertamente los problemas del país y se propongan soluciones.

Estamos comiendo en casa de Danilo con su nieta Anita y su novio Andrés. Comentamos estas noticias y nos explicaban que ellos asistieron a la asamblea y nos cuentan cuales fueron las preguntas:

– ¿Por qué no se explica al pueblo en que consisten determinados proyectos y planes para que se pueda evaluar la eficacia de la gestión y exigir responsabilidades, si fuera el caso?

– ¿Por qué un ministro puede estar 20 años en el cargo aunque su gestión haya fracasado?

– ¿Por qué los cubanos no pueden viajar al extranjero ni hospedarse en hoteles nacionales?

– ¿Por qué se prohíbe abrir cuentas de correo electrónico de Yahoo o Google?

– ¿Cómo se entiende la coexistencia de dos monedas, como el comercio interior se paga en pesos convertibles, la divisa local, cuando a los trabajadores se les paga en pesos cubanos que tienen un poder adquisitivo 25 veces menor?

Nos contaron que el Presidente del Parlamento respondió comparando la situación actual con la que había en Cuba antes de la Revolución, la dictadura de Batista, la pobreza, las desigualdades, etc y algún otro comentario que en modo alguno resultaron convincentes para los jóvenes que escuchaban.

Hace un mes se plantaron los trabajadores de Acorec, la agencia empleadora estatal que contrata personal cubano para empresas extranjeras, el motivo era la imposición de un impuesto sobre las gratificaciones que reciben los trabajadores.

Por primera vez se publicaba en el diario Gramma, un espacio titulado “Cartas al Director”, en las que se leían opiniones de ciudadanos que ponían en cuestión algunas de las políticas del Gobierno Revolucionario.

No es un tema de conversación cómodo para Danilo, fiel y ferviente revolucionario, quizás él piensa que las cosas deberían de cambiar pero no dice nada, es incapaz de formular la más mínima crítica, al contrario, siempre intenta buscar la justificación a todo y esto choca con la opinión de su nieta y su novio.

La sobremesa se convierte en un debate político de primer orden, los jóvenes nos preguntan, quieren saber como suceden las cosas en el exterior.

– Y ustedes cambian de gobierno cada cuatro años?

– Pero, y si al anterior aún no le dio tiempo de terminar su proyecto político?

– Y el que llega continúa con el trabajo del anterior?

– Pero si el que viene cambia lo que hace el anterior, no avanzan nunca?

– Y en su país todos tienen trabajo?

– Y como funcionan los bancos?

– La Universidad es gratuita?

Horas y varios cafés después seguimos intentando responder a las preguntas de estos jóvenes inquietos que quieren saber todo sobre el capitalismo. No solo sus preceptos teóricos que conocen, sino la aplicación práctica del sistema y lo van comparando con lo que les gusta y no les gusta del modelo socialista .

Nos levantamos con la firme decisión de continuar esta conversación en otro momento y nos vamos a dar una vuelta por el malecón y a tomar un roncito para despejarnos un poco. Afuera el calor del atardecer y el ambiente de los locales y de la calle nos reconcilian con este país.

Muchas cosas se están moviendo en Cuba, la transparencia anunciada es novedosa, los jóvenes que crecieron en una sociedad post-revolución, que no conocieron directamente la dictadura de Batista, que se sienten orgullosos de ser cubanos y que no caen en las trampas de los mensajes enviados desde los USA,  necesitan y demandan un modelo de sociedad más abierto y se hacen muchas preguntas.

La solvencia del Gobierno Cubano estará en su capacidad para ir moviendo los viejos moldes y saber dar respuestas a una sociedad que está cambiando y que exige cambios.

Deberían de empezar a contestarlas.

© Mabel Pérez Simal

foto: Xosé Abad

Llegamos a Kampala

Abad_IMG_6127webEn el aeropuerto cuando esperas el vuelo y ves que las pantallas anuncian Kampala se despiertan todos los sentidos hasta entonces un poco atolondrados, por las prisas, los controles de seguridad y los pasillos abarrotados del mes de julio, y en ese momento se dispara tu imaginación.

“Kampala sonoro, sugerente y evocador de tierras africanas, de animales y tribus, de safaris y jeeps descapotables donde viajan protagonistas con salacof”

Descubro que mi imaginación está llena de imágenes de las películas en las que distintos paisajes y países de África son protagonistas: Clak Gable vestido con pantalón corto y encarnando la imagen del gran cazador, la del poder colonial del hombre blanco; o los relatos de la mujer que tuvo una granja en África, la condesa Karen Blixen en “Memorias de África”, con una actitud más humana hacia sus kikuyos, pero manteniendo la distancia de los cócteles y la ropa elegante, de las vajillas y la sofisticación europea en medio de la llanura colonizada, y en contraste con una población indígena que se presenta pobre, inculta, supersticiosa y primitiva. Esta preciosa película y esta maravillosa historia trasmite muy bien la sofisticación y la pureza que da el color blanco en el África colonial. Color blanco en todo lo que les cubre, ropa, manteles, uniformes, sombreros, guantes, quizás es por la frescura del color y quizás por la gran distancia que marca con la negritud que les rodea.

Mis pensamientos se van a otra película, que también me impresionó y que supone un cambio sustancial en la forma de contar la relación de los blancos, europeos e ingleses en concreto y el continente. “El Jardinero Fiel” es un descubrimiento, con toda la belleza que le pone Meirelles a sus trabajos y la dureza y la crueldad en todas las formas posibles, directa e indirecta.

Con todos estos recuerdos de imágenes e historias llegamos a Kampala, y es de noche. En un taxi recorremos la ciudad -capital de Uganda-, extensa y de casas bajas con algunos edificios en el centro. Llegamos al hotel Spike a tiempo de dejar el equipaje y tomarnos una copa en la discoteca anexa, en la que suena música disco ugandesa, maliense y de Senegal, bailada por jóvenes guapos, sofisticadas, altas y bien vestidos. Elite ugandesa mezclada con la población extranjera que disfruta de unas copas al final del día.

Ese momento, en el hotel y en la disco es real, sucede, pero lo vivo con una sensación de irrealidad, será por el cansancio del viaje, la llegada de noche, la incógnita…. No se, quizás mañana a la luz del día podamos tomar conciencia de donde estamos, del lugar, del espacio, del paisaje y del país en el que aterrizamos.

Lo que vivimos esta noche parece una fantasía en la que apenas pasó el tiempo, excepto por la música y la ropa, podría ser una escena en la que mientras saboreamos un gin-tonic vemos aparecer a Ava Gardner buscando una copa.

Y se hace la luz, amanece y muy, muy temprano nos ponemos en marcha para iniciar el viaje. Todo es más feo y sucio a la luz del día, el edificio del hotel y las casas que lo rodean, de aspecto mejorable, y una calle con aceras y asfalto escaso en la que conviven unos enormes árboles donde se posan los marabús, carroñeros y fuera de lugar.

Se va abriendo el día mientras viajamos con rumbo a los grandes Parques y Lagos del norte del país y dejar la ciudad es un alivio.

© Mabel Pérez Simal