El paso de Nablús

 

“Zona A”

“Israel es la única democracia de la zona”, dicen, pero

¿Es real una democracia que se sienta sobre la opresión y la esclavitud?

Entramos en territorio palestino, en la zona A. Varios letreros nos avisan de que estamos en una zona sin ley, sin controles y sin seguridad, que traducido significa “sin controles y sin seguridad israelí” lo que en realidad nos tranquiliza.

En Nablús visitamos un chek point, un paso fronterizo por el que cada día atraviesan 18.000 trabajadores palestinos, hombres y mujeres que cruzan el muro para trabajar en Israel. Estamos en el Crossing Point de Qualquilya.

LLegan a la 1 de la mañana para poder entrar a trabajar en Israel a las 7. Las enormes colas y los lentos controles, pasando por pasillos limitados por barras metálicas y cruzando un torno, de uno en uno, lento y agotador, forman parte del proceso de humillación permanente, pero necesitan trabajar y solo hay trabajo en Israel.

A la difícil decisión de trabajar para un patrón enemigo, se ha de sumar el desprecio, el maltrato, la discriminación y la desigualdad de salario y de condiciones de trabajo que sufren las personas trabajadoras palestinas en territorio israelí.

Junto a las vallas les esperamos a la hora del regreso, y sus caras de cansancio, serias y silenciosas hablan de una jornada dura.

Son muchas horas entre esperar al paso, trabajar y la vuelta, eso si tienes la suerte de que no haya retenciones, porque en cualquier momento al militar de turno le puede dar por cerrar el paso porque alguien le parece sospechoso, y eso es suficiente. Este tipo de actuación la vimos en cada control militar en el que nos pararon. Te retienen en el arcén, te miran, te revisan, te hacen esperar sin motivo, y no preguntes, no hagas comentarios, no te rías, no hagas nada que pueda cabrear a la militar que te toca en suerte, porque entonces vas a comprobar lo que es pasar varias horas al sol y sin agua. Es un puro ejercicio de poder absoluto.

En Israel ocupación y explotación laboral van de la mano y de esta última se habla muy poco.

Se obtiene un permiso para trabajar en Israel después de pasar un test de seguridad, imprescindible hablar hebreo. Los empleadores se quedan con el 1% del salario para el sindicato israelí Histadrut, oficial, que se supone que le pasa un porcentaje al sindicato palestino.

Ganan unos 200 Sk al día, y en la agricultura de 50 a 120 Sk por día, pero no les pagan por todos los días de trabajo, hacen las cuentas y de 26 días de trabajo, a final de mes le pagan por 10, o 12, depende del talante del empleador, y si no están conformes que reclamen a la justicia de Israel, que contraten a un abogado y que se presenten en una corte de jueces israelíes. Imposible.

Descubrimos que existen túneles con pasos subterráneos para pasar a trabajadores   palestinos que van a las colonias israelíes. Cruzan de noche y al otro lado los recogen y los trasladan a los campos, sin papeles, sin salario regulado, sin condiciones.

En los asentamientos hay un importante número de mujeres y jóvenes trabajando en la agricultura, y solo un 13% de las mujeres palestinas consta en las estadísticas de empleo, están en los servicios públicos, la limpieza, salud y educación.

Una organización de defensa de los derechos humanos nos cuenta que hay al menos 140.000 personas palestinas trabajando en Israel en situación muy precaria y sin normas. No se les aplica la ley, no hay unas mínimas condiciones de salud y seguridad, y con bajos, bajísimos salarios. Escuchamos la amenaza constante por parte de Israel de que si no les gusta siempre pueden reclutar asiáticos que les saldrían más baratos y dejar sin trabajo a los palestinos.

Yo Israel invado tu país, te expulso de tu casa, te limito los movimientos, te empobrezco todo lo que puedo y más, y luego te ofrezco trabajo en las peores condiciones. Este es el sistema, el modelo del estupendo desarrollo económico israelí.

©Mabel Pérez Simal

 

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